HIJO.DEL.HIJO

Fragmentos del Ser >>> símbolos, indicios, iconos, signos, metáforas, la nada, el todo, el tiempo, el espacio, la existencia.

08/06/2009

Invenciones


Caminás dentro de una burbuja. Pensás, así, que al calzarte los auriculares y bajar o subir la mirada estás y no estás: caminás como peatón pero te abstraés de todo pedido de indicación de calles, de todo reclamo urbano. Porque atravesar la calle, los pasillos del subte y demás intersticios urbanos no es para vos un fin, es un medio que preferís que no esté, pero indefectiblemente está. Justo en ese momento en el que te apiñan en un vagón como sardina, deseás que el teletransportador salga por una vez del guión de las series de ciencia ficción para rescatarte. No es sólo una cuestión de ahorrar minutos, horas eternas que ni siquiera podés llenar leyendo un libro, una revista en una posición incómoda. Es una cuestión de repulsión física, de no querer ser visto, examinado, de no querer ser rozado por ellos, los otros, invenciones de un país a la vez inventado, una comunidad inasible y que nunca vas a terminar sintiendo tuya.

11/05/2009

Duelo visual


Son segundos nomás. Diez, a lo sumo 20, los suficientes como para cruzar miradas e imaginar la vida del otro: entre el que sube y el que baja en las escaleras mecánicas (paralelas o enfrentadas) se tiende una relación aún no nominalizada. No existe palabra para describirla. Sin embargo, está: mezcla de deseo, de interrogatorio, de lo que sea, el que sube y el que baja --el que va y el que viene-- se escudriñan mutuamente desde la primera elevación a la última en una especie de duelo visual, un choque que se olvida una vez que se pone un pie en el piso y se enfila hacia el punto de destino.

27/04/2009

La silla eléctrica


Pasás más tiempo sentado en esa silla que acostado en tu cama. Y aun así, ves aquel lugar, tu escritorio, tu computadora, tus papeles (aunque en realidad ninguno de esos objetos son realmente tuyos) como un espacio ajeno, un lugar que por más que lo personalices con tus Firefox addons, tus wallpapers, tu propia y única (des)organización nunca vas a sentir del todo cómodo. Porque sabés que mientras estás ahí, martillando, la vida pasa: pasa por otro lado. Lejos de caer en una postura anárquica, te resignás, intentás arrojar la mirada hacia alguna ventana pero sabés que donde estás no hay ventanas. Así que imaginás: qué ocurre en ese preciso momento en aquel lugar donde fuiste de vacaciones recientemente. Ese lugar que al volver parece haber desparecido. Pero no: está ahí, mientras vos estás acá.

21/04/2009

El reino del pulgar


Apagás la tele, apagás la luz, prendés el celular, apretás "PB", prendés el grabador, apagás el grabador, encendés la computadora, encendés el monitor, martillás teclas, palabras, ideas, párrafos, oraciones que desaparecen luego de esfurmarlas con "DEL", "Supr", deslizás la pantalla del celular, el pulgar presiona acá y allá, apagás la computadora, apagás el monitor, apretás "3", prendés la luz, la tele, apagás el celular. Te apagás.

Un día


Un día vas a descubrir que todas las horas sin dormir, todas las veces que apretaste los dientes, todos esos momentos en los que te estallaba la cabeza y los ojos se te secaban, no sirvieron de nada. Porque el mundo va a seguir dando vueltas sin vos. Pasarán décadas, siglos, milenios y el universo no habrá notado tu existencia. ¿Y entonces? ¿Mejor no hacer nada? ¿Para qué sacar el pie de la cama? La condena a la mediocridad es peor que la intrascendencia: saber que podés hacer más y no lo hacés es es el peor crimen personal.

Desgarro


En el día, en la vida, hay instantes muertos, momentos que no son lo suficientemente largos como para llamarse horas ni cortos para ser minutos en los que el mundo se detiene; desaparece, así porque sí. Por ejemplo, el lapso que separa estas acciones: cuando encendés el gas, das media vuelta el botón de una hornalla y cuando raspás un fósforo contra el lomo rugoso de la cajita roja de patitos. Ahí, en los segundos que separan la apertura de la hornalla y el roce del fósforo hay una brecha: un instante en el que tu tejido del espacio-tiempo se desgarra para recomponerse apenas se hace la luz y tenés en tu mano algo tan básico --pero tan especial-- como el fuego.

14/04/2009

Misterios sin resolver


Ciertas preguntas están definitivamente mal formuladas. En el caso del clásico dibujito, por ejemplo, lo correcto no sería preguntarse por qué el Coyote no logra cazar al Correcaminos (salvo la reciente y última versión en que finalmente, vence). Lo que uno debería preguntarse --si uno no lo hizo ya-- es más profundo y tácito: ¿hacia dónde corre el Correcaminos? De blanquearse este interrogante, las cartas de este velocista de la naturaleza se caerían. Quedaría expuesto su vacío existencial: no corre hacia ningún lado. Sólo corre porque al correr existe como entidad. Sólo al correr es Correcaminos. Cuando no corre es otra cosa o simplemente, no es.

11/04/2009

Setentoso


Ver una película de los setenta/ochenta o sobre los setenta/ochenta implica reconocer un cambio fisiológico: no sólo son distintos los cortes de pelo, las formas de adornar la cara (bigotes, patillas) o de vestirse. Los cuerpos son básicamente distintos. Se advierte en detalles pero es como si hubiera existido por entonces --sin que ellos lo supieran-- otro régimen corpóreo. Así como el look "flaco-lánguido" hoy caracteriza a la tribu flogger y mucho no llama la atención, por entonces dominaba lo que ahora puede ser reconocible como el look YMCA. No sólo como estereotipo gay sino como imagen física de una generación que de un día para otro se transformó en otra cosa y al hacerlo, dejó de ser.

10/04/2009

Precipicio


Una imagen no dice todo pero dice algo. De vos, de lo que pensás en cierto momento dado, de lo que querés, de lo que deseas pero aun no sabés que lo deseas. Esa sensación que se esconde por debajo de tus obligaciones, de tus rutinas que hacen que tu vida sea predecible y uniforme. Y ahí está él --vos-- al borde de ese precipicio con un sólo bastón como sostén. ¿Adónde mira? ¿Qué mira? ¿Se mira a sí mismo? ¿Qué está pensando en este instante? ¿Y vos?

Simplemente eso

Volvés cuando nadie te echó. Escribís cuando nadie te pide que escribas y cuando sabés que no tenés razón por la cuál hacerlo. Simplemente lo hacés porque te gusta escribir, pensar, leer temas, asuntos ajenos a tu trabajo cotidiano. Sí: porque el trabajo diario, pese a que te gusta, a veces es una condena. Fechas, extensiones, cumplir, escribir. Y más. Pero acá no. Acá no hay editores mediocres, ni comentadores que se creen más y te putean como si ellos fueran alguien y vos nadie. Eso. Simplemente eso.

05/03/2009

Con todo

Aquellos que tienen la suerte de leer mucho y con tiempo advertirán sobre todo en ensayos traducidos por traductores españoles varias muletillas, construcciones ajenas al hablar cotidiano. Una de ellas, por ejemplo, es "con todo", un resumidor, especie de "por eso", "así dicho", "ergo", etc. Suele aparecer a comienzos de una oración, sobre todo de un párrafo. Pero ojo: cuidado con que se escape en el colectivo o en el habla cotidiana. El "con todo" puede terminar "con nada".

Todos los días, todos



Hiroshima, Nagasaki, atolón de Bikini y más...

¿Quién quiere ser un desclasado?

El cine es tal vez la única máquina cultural capaz de romantizar la pobreza, la tortura, las violaciones a los derechos humanos y provocar que la gente --los espectadores devoradores de pochoclo-- salgan felices de las salas luego de ver picanazos, violaciones y todo tipo de privaciones. Y encima, recibe el Oscar. Las luces se apagan, los cheques se cobran, las taquillas recaudan plata. Y después, todo, la pobreza, la tortura, las violaciones a los derechos humanos, seguirá existiendo justo ahí, donde estuvo en un principio, como si nada hubiera ocurrido.

04/03/2009

Jós-tel

Los hostels parten de un rasgo vital: la suerte de no ser. No son hoteles cinco estrellas (no son hoteles en absoluto), no son hosterías, no son hostales. Son, simplemente, hostels: expresión máxima del gasolerismo argentino e internacional que le da un poco de oxígeno y paz económica a aquellas personas que siguen apostando a los viajes como experiencia mística y vital. Como toda institución que se precie de tal, cuenta con sus reglas tácitas y también no dichas. Lo que se debe hacer (pagar, lavar las cosas que uno usa, etc.) y lo que no (matar a nuevos nuevos visitantes, ser quilombero, robar). Inevitablemente, el corazón del hostel no está en las habitaciones sino en la heladera: ese espacio gélido minúsculo, trinchera de conflictos y en el que los olores se mezclan hasta vencerse. Ahí, en la heladera, la cordialidad impostada del visitante se suspende. Ahí, cada uno, retrocede miles de años de evolución y defiende su comida como un Homo habiliis, Homo florensis que defiende su presa recién cazada.

Este blog ya resucitará....

28/01/2009

Bat-man

Cuando un murciélago entra en tu casa, el mundo se suspende. No importa lo que hay en la televisión, afuera en la calle, debajo de tu remera, no importa que el dólar se vaya por las nubes junto a tus sueños de autonomía e independencia. No importa nada: todo se focaliza en este animal, una rata alada que nadie invitó y que todos --uno-- quiere que se vaya rápido. Pero no lo hace y te preguntás por qué. Las coordenadas básicas con las que te movés se sacuden. La civilización es invadida por esa dimensión desconocida (e impredecible) de la animalidad. No querés matar a nada ni a nadie pero tampoco querés convivir ni un minuto más con "eso", un extraño, un verdadero alien que más de hablarte de él con sus sonidos y sus aleteos huecos habla de vos: cómo alguna vez vos --tu especie-- fuiste eso, puro instinto, movido por los estimulos de ambientes que más que invitarte a entrar te expulsan e invitan a salir.

Odio

Para calmar la angustia, el psicólogo te dice: "es bueno conocer a tus amigos pero mejor es saber que tenés enemigos. Al menos, así, hay algo de certeza". Seguramente, estaba haciendo su trabajo: es decir, ganando su exorbitado salario con las pocas palabras que arroja por sesión. Lo cierto es que no calma un carajo. Así como comer, ir al baño, respirar y tener un techo, el ser humano tiene otra necesidad: ser querido. No sólo por padres, hermanos, abuelas, amigos, novios o novias. Ser querido, también, por todo el mundo. No es muy agradable descubrir un día que a varias decenas de personas que no te conocen (o que sí te conocen) no les agradás, no te toleran. "¿Pero qué hice?", te preguntás buscando rastrillar en tu memoria y encontrar una razón, una causa a tanto rechazo. Lo peor es que no encontrás nada. Te sorprendés, más bien, que tu imagen de chico/chica bueno/a no convence al 100%. Siempre, por h o por b, como se dice, alguien te da una bofetada, a lo lejos, en silencio, sin la más mínima razón.

21/01/2009

Nadar solo

Respirar. Hacer una lista de cosas a tirar. Respirar. ¿Tiro o no tiro?. Patada. Mandar el mail. Esquivar. Ordenar los libros. Respirar y brazada. Bajar eso. Respirar, empujón, media vuelta. Escribir eso. Respirar, brazada, patada...

13/01/2009

Fondue

Una fondue es más que una especie de olla suspendida sobre un improvisado fuego. Si se la diseca bien se podrá advertir sus múltiples significados: una fondue tiene mucho de cajón: un espacio parecido a un agujero negro en el que se hunden cosas y difícilmente se recuperan; un espacio en el que se revuelve una y otra vez luchando contra una marea espesa; un espacio --también-- en el que se ingresan y extraen objetos. Y es también un ticket a un viaje en el tiempo que desplaza a quién la disfruta a una época prehistórica, prefastfood y de consumición individualizada (esto es, cada uno con su plato), más cercana al potlach, a la tribu, a la olla común sostenida y magnetizada por el fuego.

06/01/2009

Alternativa

¿Existe alguna manera secreta --conocida sólo por unos pocos-- para abstraerse de aquella realidad a medias construida por los medios? Porque seguro que hay otra realidad, una sin noticias de robos, aumentos cotidianos, culos en Mar del plata y minas anoréxicas sonriendo a lo loco en "Punta". Un mundo sin chimentos, sin caos, sin saturación, sin "famosos". La vida pasa por otro lado, ¿no? ¡¡¡¿no?!!!

05/01/2009

Límites

¿Cúal es el límite de edad para dar el asiento? Y acá hay que ponerse estrictos, destruir toda pretensión de machismo femenino (ese tipo de argumentos según los cuales por sólo el hecho de ser mujer hay que darle el asiento, qué basura!, y después piden igualdad de derechos!). Es preciso establecer una especie de tablita de machinea pero para los medios de transporte en la que figura cuándo sí y cuando no. Porque una mina de buen pasar de 45 años no merece que le de el santo asiento que tardé tanto en conseguir. No da. Es injusticia. Peor las minas (no tan grandes) que se acomodan paradas bien al lado tuyo (sentado) y tosen, hacen que se caen, etc, para que le des algo que conquistaste con tiempo y paciencia en el trayecto de vuelta. Así no!

03/01/2009

Asesino serial

El DVD mató al trekking y al rebobinado!!!!!!!!! nooooooooooo!!!!!!!!!!!!!

23/12/2008

Top the lo top

Expresiones top

1. What pass
2. What the fuck!
3. Oh my gosh!!!!!
4. whass up??!!!!
5. riiily?
6. iu nou guat aimseying
7. Get out of here!
8. yeap
9. nop
10. (la peor de la peor) okis.

19/12/2008

maquinista

Y un día te das cuenta que tu trabajo te comió. Más bien, te fagocitó sin masticarte. Vivis trabajando, pensas en el trabajo y respirás trabajo. ¿Pero para qué? Si no te llena, no te gratifica como vos quisiera que te gratificara --con plata y simbólicamente--. Así te das cuenta que no sos más que una máquina, que todos los días hace lo mismo sin hacer ninguna diferencia. Los fines de semana amagás con respirar pero el respiro se acaba pronto. Y todo vuelve a comenzar de nuevo. Una y otra vez. Sin parar.

10/12/2008

Aunque usted no lo crea

09/12/2008

Favor

¿Alguien le puede decir a Osvaldo Laport que canta muy mal?

03/12/2008

Cárcel de uno mismo

Vivís en tu mundo y por un momento deseas, ansiás, fantasiás (y muchos otros verbos terminados en "as") con salir de él y meterte en otro. Ver y probar la realidad tal cuál lo hacen otros. Ni mejor ni peor: sino de una manera distinta, otra manera. Te cansás de vos, verte siempre en el espejo, saber que estás de por vida apresado a esa imagen que parece no cambiar pero cambia con los años. Ya lo notás acá y allá. No como si fuera algo malo sino extraño: querés salir de ahí, respirar y después sí, entrar de nuevo.

Medio-ocre

Hay gente que no soportás. No la bancás ni sentados a 20 metros tuyo. La ves con su cara de "señor mediocridad" y corrés la cabeza hacia el otro lado sólo para no tener su imagen en tu campo de visión. Su presencia tiñe todo de mediocre, de básico, de chato. Vos te esforzás pero la fuerza de la mediocridad que te imponen es más pesada.

01/12/2008

Colectivean psycho

Los mejores termómetros de tu salud mental son dos: el tiempo y la paciencia con la que desenredás los auriculares (que siempre, pero siempre, vaya a saber uno cómo, se mezclan de la manera más complicada) y cuando una puta moneda pasa de largo en la máquina del colectivo. En ese momento si estás más o menos mal y con la autoestima baja, te querés morir. Sobre todo cuando la cola para pagar aumenta exponencialmente y prácticamente el colectivo no se mueve por vos, porque taponeás el paso y la puta moneda no permite que sigas tu trayecto hacia el fondo del puto colectivo. Cuando estás bien, en cambio, te chupa un huevo, la ponés mil veces, esperás que el colectivo deje de inclinarse y hacés todo a una velocidad lenta, como si te hubieras tomado un Valium o estuvieras escuchando reggae. Así debería ser la vida: preocuparte más en vos que en lo que tu cabeza psicópata piensa que los demás piensan de vos.

Cambio y fuera

¿Cómo terminar una conversación? La pregunta puede sonar básica pero no lo es del todo, más que nada cuando se trata de esas conversaciones protocolares, en el trabajo, con personas que uno no conoce mucho pero igual uno simpatiza. Después del "hola", el "cómo estás?", el "¿todo bien?" y el parloteo protocolar llega un punto en el que tu cabeza empieza a deambular, a pensar cómo hacer para que no parezca muy rudo el corte y volver a tu escritorio. Porque lo peor es que el corte sea abrupto. Lo intentás una y otra vez pero no sale. Las conversaciones se desinflan y se muere y ahí cuando el contacto ocular se suspende te das vuelta y volvés a lo tuyo.

27/11/2008

Sin palabras I

26/11/2008

A los que...

... conducen autos/colectivos/camiones que escupen humo negro y les chupa un huevo.
... cuentan los días para la llegada del verano.
... te miran con cara rara cuando les decís que no, que no te gusta el verano y que preferís más bien el fin del invierno, el comienzo de la primaevera o a lo sumo el otoño.
... no esperen para que llegue está época del año para andar con pocas ropas.

A todos ustedes: jódanse. (y si pueden, derrítanse también).

21/11/2008

pelotuditis televisiva

¿Hay minas más boludas que las del programa de América "Mañaneras"?

18/11/2008

este blog quiere saber

¿Por qué a las habitaciones les dicen cuartos y no tercios, tresoctavos, medios?

17/11/2008

Agujero negro movil

En los colectivos de larga distancia, no existe peor lugar que el baño: un microcosmos de aromas, líquidos y otras sustancias en movimiento que condensa su toxicidad en un espacio reducido. Si es un viaje largo --digamos, más de 10 horas--, al menos que prefieras reventar, sabés que en algún momento deberás pasar por allí, tragar aire antes de abrir su puerta y meterte en ese agujero negro. Las estrategias no funcionan mucho. Sabés que si vas casi promediando el final del viaje, por allí habrán pasado todos y cada uno de los pasajeros quienes dejaron ahí sus regalitos. Tal vez lo mejor sea ir primero, estrenarlo, dejar tu firma, como un acto de presencia preventivo y paranoico.

Aliens

Para un porteñocentrista, viajar a otra provincia es como viajar a otro planeta. De repente, te das cuenta de que ahí, en ese espacio-tiempo, existen otros seres humanos, otras personas de las que no se habla, de las que no hay imágenes. Los diarios y la televisión los ignoran, no los representan, los olvidan. Entonces, los ves, los escuchás y el shock se acrecienta: "¿cómo pueden ser que estén ahí al mismo tiempo que vos estás en tu casa, en tus calles, en tus fiestas?", te preguntás. ¿Desaparecerá esta gente cuando vos te vayas?

06/11/2008

hechos de la vida

La manzana es la fruta menos querida en las ensaladas de fruta. No es jugosa, es áspera y se la esquiva hasta que se vacía la taza y allí están, las manzanas discriminadas.

26/10/2008

Volaré oooo

Viajar no es un placer. Menos si se vuela en avión. Tanta burocracia aeronáutica, detectores de metales y explosivos, neurosis para no perderse el vuelo, apretujamientos varios con el ocasional y azaroso compañero de asiento, las turbulencias, los dolores de cabeza y de oídos, todo eso sí o sí deben hacer mal a la cabeza. El personal de abordo --azafatas y azafatos che!-- son el vivo ejemplo de eso: mezcla de dominatrix y camareras, se creen la gran cosa. Te miran como si fueran la autoridad y te obligan a abrocharte el cinturón que, de haber realmente un accidente, seguramente no ta va a ayudar de nada. Volar así visto, más que una hazaña técnica humana se basa en la fe: tenés que creer sí o sí --y si no, convencéte-- que ese conjunto de hierro, clavos y plástico destartalado va a ganar velocidad, elevarse en el aire y no explotar a los cinco minutos de haber despegado.

19/10/2008

La danza de la billetera

Sea uno hombre o mujer, la pregunta siempre aflora: ¿dónde poner la billetera, aquella infaltabla compañera de viaje sin la cual uno se siente desnudo, desprotegido, inútil y con los caminos cerrados? Hay personas cuyos cuerpos se amoldaron hace tiempo a este accesorio portadinero. Incluso balancean su andar a partir de la billetera. Si la llevás en el bolsillo derecho (si sos diestro) te inclinás a la derecha, si la llevás en el bolsillo de atrás del pantalón o te aumenta el orto o te aumenta la paranoia nuestra de cada día. Si la tirás en el bolso/cartera nunca la terminás por encontrarla con rapidez. Otros, en cambio, rotamos: llevar la billetera siempre en el mismo lugar, con el celular, el rep de mp3 y la demás parafernalia de gadgets vuelve todo predecible y estático. Mejor rotar, toquetear los bolsillos antes de salir para chequear que no se la ha olvidado e imaginar --sólo imaginar-- cómo sería caminar un día por la ciudad sin su carga y peso.

Tres actos

Todo viaje tiene tres actos: inicio, desarrollo y final. Los límites, desde ya, no están marcados como en una obra de teatro. Sin embargo, se sienten: la fascinación de lo nuevo y desconocido (en sus detalles más mínimos como los nombres irrisorios de los locales), la aclimatación a las condiciones meteorológicas, a su sequedad y a las características del lugar visitado vienen después acompañadas por una meseta, o sea, cuando ya identificás los lugares, las calles, las caras y los acentos. Y recién cuando pensaste que lo tenías todo calado, el fin: la terminal, el colectivo, rehacer el bolso, abandonar la habitación, decir chau mil veces (a las personas, al mar, al aire). Digámoslo: nadie quiere regresar.